A la española: ya hablas español, pero el valenciano (y el vale, el tío, el coger) te esperan
Llegamos con una ventaja enorme sobre casi cualquier otro recién llegado: ya hablamos el idioma. Español desde la cuna. Nos vamos a apañar, pensamos, tan tranquilos. Y entonces descubrimos dos cosas: que el español de España tiene sus propias reglas del juego, y que en Valencia, además, hay una segunda lengua esperándonos. Bienvenidos al chapuzón lingüístico.
Hablamos el mismo idioma (pero no del todo)
Compartimos la lengua, sí, pero España la habla a su manera. El primer sobresalto suele ser el verbo coger: aquí se coge el autobús, se coge un taxi, se coge sitio, con toda la naturalidad del mundo, mientras a más de un latinoamericano se le encienden las alarmas. Y hay más: el vale que remata cada frase, el tío y la tía para hablar de cualquiera, el majo y el guay, el curro para el trabajo, el flipar cuando algo te asombra, y un joder de relleno que no siempre es un insulto. Al principio anotas mentalmente cada palabra; al mes ya se te escapan solas.
El ceceo y el vosotros, esa música distinta
Luego está el sonido. En gran parte de España la z y la c (de cielo, zapato) se pronuncian con la lengua entre los dientes, ese sonido «th» que nosotros, de seseo, nunca hicimos. No hay que imitarlo: te entienden igual. Pero el oído tarda en acostumbrarse. Y sobre todo está el vosotros: ese «¿vosotros venís?», ese «tenéis», ese «callaos» que en América Latina no usamos jamás (allá todo es ustedes). La primera vez que alguien te suelta un «¿habéis comido?» te quedas medio segundo procesando. Después le coges el gusto.
El valenciano, la lengua que no conocíamos
Y aquí llega la verdadera novedad. Junto al castellano está el valenciano, lengua cooficial de la región, próxima al catalán. Y está en todas partes: en los carteles, en los nombres de las calles (Carrer, Plaça), en el colegio, en el ayuntamiento. No es un dialecto ni un acento: es una lengua de pleno derecho. Muchos valencianos la hablan o la entienden. El latino que pensaba que con el español lo tenía todo resuelto se queda a cuadros, y luego se enternece: esto también es la identidad de aquí. Aprendes a decir bon dia y a leer el menú del día en dos idiomas.
La mezcla que improvisamos
Mientras el oído se adapta, uno improvisa. Sueltas un vale pegado a un modismo de tu país, mezclas el che valenciano con el che de casa (que no significan lo mismo, pero rima bonito), pides un café con un giro que delata de dónde vienes. No es un idioma nuevo, es tu español de siempre absorbiendo el de aquí. Y funciona: la comunicación pasa por el contexto, la buena voluntad y una curiosidad mutua que reconforta el corazón.
Y un día, entra solo
Lo más bonito es que, a fuerza de bares, trámites y vecinos parlanchines, el español de España entra por los oídos sin que te des cuenta. Una mañana dices vale con acento local, llamas guapo al panadero, entiendes al vecino cuando te habla en valenciano y te das cuenta de que ya has llegado. Bilingüe no, todavía no. Pero sí en casa.
Fuentes
A la española es la crónica en la que un latinoamericano recién llegado observa España con ternura y sin tomarse demasiado en serio. ✔️ Verificado por la redacción. Este artículo se ha preparado con ayuda de la IA y después ha sido contrastado, verificado y revisado por nuestra redacción, que asume la responsabilidad editorial, de conformidad con el reglamento europeo sobre la IA. ¿Un error? Escríbenos: lo corregimos. Cómo trabajamos.
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